Aprendiendo a Pescar Mojarra con Tiempo de Pesca Colombia

Desde que era un niño de ocho años, la pesca ha sido parte de mi vida. Empecé acompañando a mi papá, quien me enseñó las bases: cómo lanzar una caña, cómo esperar con paciencia y, sobre todo, cómo maravillarse con cada pequeña captura. Sin embargo, en aquellas primeras salidas, las presas eran escasas y mi experiencia, limitada. No fue hasta 2006 que empecé a pescar con mayor frecuencia. Recuerdo muy bien mi primera visita a Jaguas en bote: llevaba poca noción de lo que significaba la pesca deportiva y, aun así, logré enganchar un pez que me derrotó con la misma rapidez con la que apareció.

Era una silueta azul y negra, un destello de fuerza que atacó mi señuelo plástico blanco sin titubear. El pez nadó con todo su brío hacia el bote y pude verlo con absoluta claridad. Resultó ser una mojarra azul —el famoso “morrudo” (Kronoheros umbriferus), el macho de la especie— que, en un abrir y cerrar de ojos, se metió bajo el bote y reventó mi línea al rozarla con el casco. Aquella pérdida me marcó tanto que hasta llevo tatuada la mojarra en la piel. Desde entonces, se ha convertido en mi especie favorita para perseguir en los embalses. Ese instante en que la línea se rompió definió mi pasión por la pesca deportiva y la promesa de algún día capturar y devolver una mojarra de semejante tamaño.

A lo largo de 19 años, logré capturar 15 mojarras —incluyendo tres morrudos— sin tener nunca muy claro cuál era el “secreto” para mejorar mis posibilidades. Tenía mi técnica y un señuelo de confianza, pero intuía que existía algo más que me estaba perdiendo. Fue así como contacté a Tiempo de Pesca Colombia (https://www.youtube.com/channel/UC-mbm2b4qyKVkCf9a_Fztww), referencia en el país por sus hazañas con esta especie y defensor de la pesca con devolución. El plan era realizar una asesoría en Jaguas, con un diagnóstico minucioso de mi manera de pescar y la corrección de los hábitos que había adquirido con el tiempo.

En cuestión de horas, después de aplicar sus consejos y pulir detalles, las mojarras empezaron a caer con mucha más frecuencia. El primer día conseguí 13 capturas, prácticamente igualando en solo una jornada lo que había conseguido en varios años.

El segundo día, con la mira puesta en peces de mejor tamaño, logré siete mojarras más, aunque perdí una de gran porte y un morrudo que, sin darme oportunidad de reaccionar, reventó mi línea y se llevó mi señuelo favorito.

En total, alcancé la impresionante suma de 20 mojarras. Entre tanto, una tilapia (que parecía una mezcla con mojarra) y varios bass también hicieron de estas dos jornadas una experiencia inolvidable, la mejor pesca de mojarras que he tenido hasta el momento. Ahora me queda seguir practicando y perfeccionando lo aprendido gracias a la guía de Tiempo de Pesca Colombia, porque este apenas fue el primer paso para dominar, algún día, a ese pez que tanto me cautivó desde aquella derrota inicial.

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